Corpus Christi

Autor: Lojoya Carlos Alberto . Visitas: 5047

Corpus Christi

A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.

Santa Juliana de Mont Cornillón, por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. La santa nace en Retines cerca de Liège, Bélgica en 1193. Quedó huérfana muy pequeña y fue educada por las monjas Agustinas en Mont Cornillon. Cuando creció, hizo su profesión religiosa y más tarde fue superiora de su comunidad. Murió el 5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y fue enterrada en Villiers.

Desde joven, Santa Juliana tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo se dice haber intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.

El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, invocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.

Mons. Roberto no vivió para ver la realización de su orden, ya que murió el 16 de octubre de 1246, pero la fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.

El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.

Luego, según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó un oficio -la liturgia de las horas- a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino; cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero el Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.

La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306; en Worms la adoptaron en 1315; en Strasburg en 1316. En Inglaterra fue introducida de Bélgica entre 1320 y 1325. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.

En la Iglesia griega la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Acerca del Autor

Lojoya Carlos Alberto

Lojoya Carlos Alberto

En una fecha emblemática, nace el 16 de noviembre de 1941, el Padre Carlos Alberto Lojoya. Nace sietemesino y sin muchas expectativas de vida.

Nace a la vida de la carne y a la vida del espíritu, porque ese día –y era un don que agradecía insistentemente a Dios- recibía en su casa el Santo Bautismo, luego sería presentado a la Iglesia en el Templo Parroquial de San Bartolomé.

Pero, decíamos, una fecha emblemática ya que entre los sacerdotes que le sirvieron de ejemplo en su vida, estaban el Padre Castellani, el Padre Menvielle y el Padre Pablo Di Benedetto, el primero cumplía sus 42 años de vida y los dos segundos se disponían a celebrar las fiestas Patronales de Nuestra Señora de la Salud, en Versailles, donde Menvielle era párroco y crecía en la fe Pablo Di Benedetto, quien sería su padre espiritual. Puede parecer un dato menor, pero tenemos en nuestra memoria su cara de felicidad cuando le recordamos en algún cumpleaños el hecho de que era la fiesta de la Patrona de Versailles.

En su hogar, auxiliado por la Parroquia de San Bartolomé, el padre Carlos crecía en virtud como en edad. Miembro de la Acción Católica conoció a los once años al Padre Di Benedetto, con quien conocería el apostolado carcelario o en las villas Miserias.

Culminado su secundario ingreso en la Universidad para seguir Cs. Económicas, pero a poco de comenzar prefirió ocuparse de la economía de la salvación e ingreso al Seminario Metropolitano de Devoto, haciendo sus estudios de Filosofía y Teología de manera destacada. El 15 de abril de 1972 es ordenado por Monseñor Laise en la Parroquia Inmaculada Concepción del centro, en una ceremonia solemnizada por la presencia del Arzobispo de Buenos Aires.

Con el permiso de su Arzobispo marcha a grandes empresas este divino impaciente, desapegándose de sus familiares y amigos, va a conquistar almas para Dios a San Luis.

Ocupó los cargos de Vicario Cooperador de la Parroquia Catedral, Rector del Santuario del Cristo de la Quebrada, Vicario Ecónomo de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Vicario Episcopal del Apostolado Juvenil y de las Misiones Rurales de la Diócesis, Rector de los Cursos de Cultura Católica de la Universidad Católica en San Luis.

Ha sido destacable en aquella diócesis puntana su trabajo con la juventud en el Secretariado de los Jóvenes de donde nacieron importante cantidad de vocaciones sacerdotales y religiosas, incluso algunas de aquellas jóvenes fundaron el Instituto Mater Dei, con el cual el padre colaboro en sus comienzos. Para mejor apreciar aquella obra veamos las palabras de su amigo el Padre Sato,  quedarán también como jalones de su celo pastoral el recuerdo de sus colmadas misas y doctas predicaciones en la Iglesia Catedral, las fructuosas misiones rurales, los cursos y los ciclos de conferencias con expositores de alto nivel, los retiros espirituales, la atención sacerdotal a colegios, el apoyo ocasional a alguna parroquia.

En 1981 vuelve a Buenos Aires, por motivos que no vienen al caso, vuelve con el corazón desgarrado o para mejor decir deja su corazón en San Luis, sin embargo le quedan fuerzas para poder hacer una gran obra en las almas que Dios ponga en su camino. El confesionario y la Cátedra de Flores, la dirección espiritual y la prédica son dos claves en esta época del Padre; el fugaz pero fructuoso paso por San Rafael Arcángel y, finalmente, el desafío encomendado por el Sr. Arzobispo, la recientemente creada Parroquia de Nuestra Señora de la Visitación, cuyos antecesores no habían podido asumir o habían tenido que dejarla prontamente. Un desafío importante. Sin embargo de esta Capilla de Monasterio devenida en Parroquia hizo en ocho años un centro cultural, educativo, misionero, litúrgico, un centro de fidelidad al Magisterio y al Papa.

La Misa celebrada con toda solemnidad y en el más riguroso espíritu de la Madre Iglesia, las conferencias con doctos expositores, los movimientos Parroquiales, las adoraciones eucarísticas, las procesiones, el boletín El Caballero de Nuestra Señora, las vocaciones, la Misión por la venida del Papa, los Rosarios en las esquinas del barrio, la visita de la Virgen a las casas, la atención personal del párroco a los enfermos, en fin el celo apostólico del Padre Carlos.

El 28 de octubre de 1990, el Padre celebró por última vez la Misa para los fieles de la Parroquia, es significativo que aquella Misa solemne por la Consagración del Templo hubiese sido propicia para la entronización de la  imagen de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. Y, decimos, significativo porque recordamos que frente a la agonía de su madre el Padre Carlos había prometido a María, en esta advocación, que llevaría a sus fieles a San Nicolás, cosa que cumplió meses más tarde. Y es significativo que en aquella víspera de su calvario fuera este gesto Mariano la despedida de aquella comunidad. La Madre había oído sus ruegos, aquellos que cada cuaresma con significativo amor rezaba cantando Cuando llegue en mi vida la hora de llevar al Calvario la cruz, ayudadme a llevarla Señora, Madre Buena del dulce Jesús.

El 31 de octubre es internado por una pancreatitis por la cual estuvo en Terapia Intensiva durante más de treinta días. A pesar de que todo hacía suponer una mejoría, el 6 de diciembre a las 9:30 hs. el cura párroco Padre Carlos Lojoya, retornó a la Casa del Padre, como rezaba. Si la memoria no nos falla, la pizarra colocada a la puerta del Templo en aquel jueves doloroso.

Por la tarde se celebró la primera Misa de cuerpo presente presidida por el vicario de la zona Devoto y concelebrada por el Padre Pratesi y el Padre Sato, quien nos confortó y animó en ese momento en el que nacíamos a la orfandad espiritual. Un grupo grande de fieles partía para la ordenación de un ramillete de vocaciones de la Parroquia y del Padre Carlos. El Señor le había concedido la gracia de poder participar de aquella ordenación ya que le había sido quitado su único impedimento para asistir, el cuerpo. Aquellos futuros neosacerdotes, pertenecían al Instituto del Verbo Encarnado, con el que el Padre había colaborado mucho desde sus comienzos, hoy están sembrando por el mundo y uno de ellos, el Padre Constantini está ya en el Cielo junto a su padre espiritual.

Durante toda la noche se elevaron responsos y rosarios junto a sus despojos mortales, sacerdotes, feligreses, familiares, alumnos de la UCA, hasta el mismo Sr. Arzobispo de Buenos Aires Antonio Quarracino recientemente asumido despidieron al pastor, al Padre, al Maestro, al amigo, al párroco.

Por la mañana y luego de la Santa Misa, en la que participaron algunos sacerdotes de San Luis, sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Chacarita, durante casi un año algunos jóvenes de la Parroquia rezaban cada día 6 una oración junto a su Tumba.

El 6 de diciembre de 2007 por iniciativa de la familia y con la ayuda de sacerdotes puntanos, merced a la generosidad del Sr. Obispo de San Luis, Monseñor Lona sus restos fueron trasladados al Cementerio Eclesiástico, recientemente inaugurado, en el Seminario Diocesano de San Luis.

A 17 años de su muerte y a más de 26 de que se había marchado de la provincia fue multitudinaria la recepción en la Iglesia Catedral y su acompañamiento hasta el Cementerio donde ahora esperan la resurrección al final de los tiempos y como afirma el Padre Sato lo hace acompañando la vida de aquellos a quienes un día, trasmitió por designio de Dios, la VIDA.

El Caballero de Nuestra Señora ha querido no solo compartir contigo la vida del Padre Carlos, los homenajes que ha recibido, sino también sus homilías en mp3 para que puedas vos también puedas recibir los bienes que indignamente hemos recibido, aquellos que lo conocimos.

 Damos gracias a Dios por la vida y la obra del Padre Carlos Lojoya, que ha sido sin duda dedicada a trabajar por Su Mayor Gloria y la salvación de las almas.

 Marcelo Grecco, Director Revista El Caballero de Nuestra Señora.

 4 de agosto de 2008

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