La Palabra de Dios

Autor: Lojoya Carlos Alberto . Visitas: 3518

Homilía

La Palabra de Dios

La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. Siempre produce fruto, como la lluvia que empapa la tierra, como la flecha lanzada al aire.

Esta Palabra Sagrada debe ser conocida por nosotros, es nuestro alimento, de modo que quien no la recibe anda anémico.

Cada día tenemos que hacernos tiempo para leer un poquito la Palabra de Dios, un poquito de tiempo para introducir el mensaje del señor en nuestras almas.

Acerca del Autor

Lojoya Carlos Alberto

Lojoya Carlos Alberto

En una fecha emblemática, nace el 16 de noviembre de 1941, el Padre Carlos Alberto Lojoya. Nace sietemesino y sin muchas expectativas de vida.

Nace a la vida de la carne y a la vida del espíritu, porque ese día –y era un don que agradecía insistentemente a Dios- recibía en su casa el Santo Bautismo, luego sería presentado a la Iglesia en el Templo Parroquial de San Bartolomé.

Pero, decíamos, una fecha emblemática ya que entre los sacerdotes que le sirvieron de ejemplo en su vida, estaban el Padre Castellani, el Padre Menvielle y el Padre Pablo Di Benedetto, el primero cumplía sus 42 años de vida y los dos segundos se disponían a celebrar las fiestas Patronales de Nuestra Señora de la Salud, en Versailles, donde Menvielle era párroco y crecía en la fe Pablo Di Benedetto, quien sería su padre espiritual. Puede parecer un dato menor, pero tenemos en nuestra memoria su cara de felicidad cuando le recordamos en algún cumpleaños el hecho de que era la fiesta de la Patrona de Versailles.

En su hogar, auxiliado por la Parroquia de San Bartolomé, el padre Carlos crecía en virtud como en edad. Miembro de la Acción Católica conoció a los once años al Padre Di Benedetto, con quien conocería el apostolado carcelario o en las villas Miserias.

Culminado su secundario ingreso en la Universidad para seguir Cs. Económicas, pero a poco de comenzar prefirió ocuparse de la economía de la salvación e ingreso al Seminario Metropolitano de Devoto, haciendo sus estudios de Filosofía y Teología de manera destacada. El 15 de abril de 1972 es ordenado por Monseñor Laise en la Parroquia Inmaculada Concepción del centro, en una ceremonia solemnizada por la presencia del Arzobispo de Buenos Aires.

Con el permiso de su Arzobispo marcha a grandes empresas este divino impaciente, desapegándose de sus familiares y amigos, va a conquistar almas para Dios a San Luis.

Ocupó los cargos de Vicario Cooperador de la Parroquia Catedral, Rector del Santuario del Cristo de la Quebrada, Vicario Ecónomo de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Vicario Episcopal del Apostolado Juvenil y de las Misiones Rurales de la Diócesis, Rector de los Cursos de Cultura Católica de la Universidad Católica en San Luis.

Ha sido destacable en aquella diócesis puntana su trabajo con la juventud en el Secretariado de los Jóvenes de donde nacieron importante cantidad de vocaciones sacerdotales y religiosas, incluso algunas de aquellas jóvenes fundaron el Instituto Mater Dei, con el cual el padre colaboro en sus comienzos. Para mejor apreciar aquella obra veamos las palabras de su amigo el Padre Sato,  quedarán también como jalones de su celo pastoral el recuerdo de sus colmadas misas y doctas predicaciones en la Iglesia Catedral, las fructuosas misiones rurales, los cursos y los ciclos de conferencias con expositores de alto nivel, los retiros espirituales, la atención sacerdotal a colegios, el apoyo ocasional a alguna parroquia.

En 1981 vuelve a Buenos Aires, por motivos que no vienen al caso, vuelve con el corazón desgarrado o para mejor decir deja su corazón en San Luis, sin embargo le quedan fuerzas para poder hacer una gran obra en las almas que Dios ponga en su camino. El confesionario y la Cátedra de Flores, la dirección espiritual y la prédica son dos claves en esta época del Padre; el fugaz pero fructuoso paso por San Rafael Arcángel y, finalmente, el desafío encomendado por el Sr. Arzobispo, la recientemente creada Parroquia de Nuestra Señora de la Visitación, cuyos antecesores no habían podido asumir o habían tenido que dejarla prontamente. Un desafío importante. Sin embargo de esta Capilla de Monasterio devenida en Parroquia hizo en ocho años un centro cultural, educativo, misionero, litúrgico, un centro de fidelidad al Magisterio y al Papa.

La Misa celebrada con toda solemnidad y en el más riguroso espíritu de la Madre Iglesia, las conferencias con doctos expositores, los movimientos Parroquiales, las adoraciones eucarísticas, las procesiones, el boletín El Caballero de Nuestra Señora, las vocaciones, la Misión por la venida del Papa, los Rosarios en las esquinas del barrio, la visita de la Virgen a las casas, la atención personal del párroco a los enfermos, en fin el celo apostólico del Padre Carlos.

El 28 de octubre de 1990, el Padre celebró por última vez la Misa para los fieles de la Parroquia, es significativo que aquella Misa solemne por la Consagración del Templo hubiese sido propicia para la entronización de la  imagen de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. Y, decimos, significativo porque recordamos que frente a la agonía de su madre el Padre Carlos había prometido a María, en esta advocación, que llevaría a sus fieles a San Nicolás, cosa que cumplió meses más tarde. Y es significativo que en aquella víspera de su calvario fuera este gesto Mariano la despedida de aquella comunidad. La Madre había oído sus ruegos, aquellos que cada cuaresma con significativo amor rezaba cantando Cuando llegue en mi vida la hora de llevar al Calvario la cruz, ayudadme a llevarla Señora, Madre Buena del dulce Jesús.

El 31 de octubre es internado por una pancreatitis por la cual estuvo en Terapia Intensiva durante más de treinta días. A pesar de que todo hacía suponer una mejoría, el 6 de diciembre a las 9:30 hs. el cura párroco Padre Carlos Lojoya, retornó a la Casa del Padre, como rezaba. Si la memoria no nos falla, la pizarra colocada a la puerta del Templo en aquel jueves doloroso.

Por la tarde se celebró la primera Misa de cuerpo presente presidida por el vicario de la zona Devoto y concelebrada por el Padre Pratesi y el Padre Sato, quien nos confortó y animó en ese momento en el que nacíamos a la orfandad espiritual. Un grupo grande de fieles partía para la ordenación de un ramillete de vocaciones de la Parroquia y del Padre Carlos. El Señor le había concedido la gracia de poder participar de aquella ordenación ya que le había sido quitado su único impedimento para asistir, el cuerpo. Aquellos futuros neosacerdotes, pertenecían al Instituto del Verbo Encarnado, con el que el Padre había colaborado mucho desde sus comienzos, hoy están sembrando por el mundo y uno de ellos, el Padre Constantini está ya en el Cielo junto a su padre espiritual.

Durante toda la noche se elevaron responsos y rosarios junto a sus despojos mortales, sacerdotes, feligreses, familiares, alumnos de la UCA, hasta el mismo Sr. Arzobispo de Buenos Aires Antonio Quarracino recientemente asumido despidieron al pastor, al Padre, al Maestro, al amigo, al párroco.

Por la mañana y luego de la Santa Misa, en la que participaron algunos sacerdotes de San Luis, sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Chacarita, durante casi un año algunos jóvenes de la Parroquia rezaban cada día 6 una oración junto a su Tumba.

El 6 de diciembre de 2007 por iniciativa de la familia y con la ayuda de sacerdotes puntanos, merced a la generosidad del Sr. Obispo de San Luis, Monseñor Lona sus restos fueron trasladados al Cementerio Eclesiástico, recientemente inaugurado, en el Seminario Diocesano de San Luis.

A 17 años de su muerte y a más de 26 de que se había marchado de la provincia fue multitudinaria la recepción en la Iglesia Catedral y su acompañamiento hasta el Cementerio donde ahora esperan la resurrección al final de los tiempos y como afirma el Padre Sato lo hace acompañando la vida de aquellos a quienes un día, trasmitió por designio de Dios, la VIDA.

El Caballero de Nuestra Señora ha querido no solo compartir contigo la vida del Padre Carlos, los homenajes que ha recibido, sino también sus homilías en mp3 para que puedas vos también puedas recibir los bienes que indignamente hemos recibido, aquellos que lo conocimos.

 Damos gracias a Dios por la vida y la obra del Padre Carlos Lojoya, que ha sido sin duda dedicada a trabajar por Su Mayor Gloria y la salvación de las almas.

 Marcelo Grecco, Director Revista El Caballero de Nuestra Señora.

 4 de agosto de 2008

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