Control Cerebral y Emocional

Autor: Irala Narciso (jesuíta) .Visitas: 4991

Manual Practico de Felicidad y Salud

Control Cerebral y Emocional

Vida agitada y bulliciosa, divertida si se quiere, pero triste, vacía, desaprovechada, atormentada, anárquica. Vida en que no se sabe descansar reposadamente, ni trabajar eficientemente, ni querer de veras, ni dominar los sentimientos y el instinto sexual. Vida, en fin, en que no se sabe ser íntimamente feliz, sino a lo sumo se encubre la tristeza y vacío en un montón de diversiones y pasatiempos.

"Encontré mi propia vida", era la frase que repetía una joven de la alta sociedad de Sao Paulo internada hacía meses en un sanatorio de tuberculosos. "Hasta aquí no sabía lo que era pensar, sentir y querer por cuenta propia. Viví vida ajena, esclava de las conveniencias sociales. Por fin, en esta soledad

Acerca del Autor

Irala Narciso (jesuíta)

Irala Narciso (jesuíta)


(7 Febrero 1896 / + 13 Abril 1988) La tarde del 13 de Abril se apagó dulcemente en Loyola la vida que animaba al P. Narciso Irala. Suavemente, sin sufrir, dentro de esa felicidad que tanto predicó, se dejó tomar por las manos del Padre para pasar a disfrutar de la felicidad eterna junto al Resucitado. Narciso y Antonio (+ 1982) Irala habían nacido en Portugalete el 7 de Febrero de 1896. Las vidas de estos dos gemelos discurren paralelas: el 29 de Agosto de 1913 ingresan en el Noviciado de Loyola; su formación les mantiene juntos hasta el Magisterio (Antonio a Tudela y Narciso a Orduña); se ordenan el mismo día, uno en Innsbruck y el otro en Oña, y se incorporan definitivamente a la Compañía el mismo día, uno en Javier y el otro en Wuhu (China). Narciso sintió que Dios le llamaba a la Compañía cuando estudiaba con los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Hasparren. Tras pedirle a S. José que le dijera qué quería Dios de él, sintió muy claramente que le pedía ser misionero y jesuita. Pronto contó su decisión a su hermano Antonio, quien le contestó que también él había decidido que sería jesuita y misionero. Y con esta pequeña diferencia de matiz discurrió la vida de estos dos jesuitas. El día que hicieron los Votos del bienio en Loyola, su padre, ante el Oratorio de la Santa Casa, les desveló un secreto de familia: “Aquí, hijos míos, os ofreció vuestra madre a San Ignacio antes de nacer”. Este hecho lo recordaba muchas veces y no dejaba de dar gracias al Señor por tal favor. Tras la Tercera Probación en Manresa, Narciso marcha como misionero a Wuhu. Dos años dedicados al estudio del idioma, y enseguida, a primera línea de misión. La dominación comunista llega cuando se encontraba en la parroquia de Shangai. Una orden de los Superiores le hace salir hacia Brasil. Han sido 22 años en China, con una interrupción de cuatro años en Argentina como promotor de la Misión. Con la salida de China comienza su segunda etapa de misionero. Era algo tan evidente en su vocación que no podía ser de otro modo. Por todo América va haciendo propaganda, durante 20 años, de las misiones y de su Misión de Wuhu. Es en Brasil donde comienza a dar conferencias en portugués sobre lo que él ha podido experimentar en su propia “psique”, sobre el modo de buscar el equilibrio espiritual y mantenerse uno en paz, sin tristezas. Su lema, entonces y siempre ha sido: VIVIR EL PRESENTE CON PLENITUD, PAZ Y ALEGRÍA. Como él mismo decía: “me dediqué a enseñar a la gente a vivir el momento presente, no lo pasado ni el futuro, sino vivir el presente haciendo la voluntad de Dios; porque no hay cosa mejor que hacer la voluntad de Dios…, y así comencé a hablar a los seminaristas, a los novicios, a los juniores…”. Y así es como aparece la otra faceta del misionero: sus conferencias y libros. En el catálogo de la editorial Sal Terrae del año pasado se leía: IRALA, Narciso. “Control cerebral y emocional”. 104 edic., 276 pgs. / “Eficiencia sin fatiga en el trabajo mental”. 19 edic., 228 pgs. Y esta labor no había cesado a pesar de su jubilación: el mismo día de su fallecimiento se recibió en la Procura de la Misión una llamada desde Huelva de una persona que preguntaba dónde se podría encontrar con el P. Irala, pues la lectura de sus libros le había ayudado mucho; y se recibía una carta solicitando el nombre de algún jesuita en Buenos Aires que pudiera ayudar a otra persona a poner en práctica lo que decían los libros del P. Irala. Estas charlas le hicieron dar siete veces la vuelta al mundo, hablando ante los más variados auditorios. Mucho le ayudó su facilidad para las lenguas. Llegó a dominar el castellano, el latín, portugués, francés, inglés, chino, mandarín, el dialecto de Shangai y el esperanto. A la vuelta a España el año 73, pasa a la Procura de Wuhu en Indautxu. Después reside unos diez años en Pamplona como operario. Una rotura de cadera hace que cese su actividad y se retire a Loyola en 1986. Aquí mismo, a punto de cumplir 75 años de su primera llegada a Loyola, cierra el ciclo de su vida dedicada a hacer la voluntad de Dios: QUIERO QUE SEAS MISIONERO Y JESUITA.

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