El gran medio de la oración

Autor: Alfonso de Ligorio san .Visitas: 3219

Breve tratado espiritual

El gran medio de la oración

Hay muchos caminos que conducen a la santidad, manteniendo todos ellos elementos comunes. Tal vez el más importante de todos es la oración atenta y confiada, pues es la base sobre la cual debe construirse todo el edificio espiritual, es por esto que San Alfonso decía: “Y hay aún otra cosa que me aflige todavía más: el ver que los predicadores y confesores hablan muy poco de esto a sus oyentes y a las almas que dirigen, y que los libros piadosos que andan hoy en manos de los fieles no tratan con bastante insistencia de este importantísimo tema. Sin embargo creo yo que predicadores, confesores y libros de ninguna otra cosa debieran tratar con más extensión que de este asunto de la oración. Continuamente están inculcando otros excelentes medios para que las almas se conserven en gracia de Dios, tales como la huida de las ocasiones, la frecuencia de los sacramentos, el oír la palabra de Dios, el meditar las verdades eternas y muchos otros más. ¿Quién niega que sean todos ellos utilísimos para ese fin? Pero pregunto yo a mi vez: ¿Y para qué valen los sermones, las meditaciones y tantos otros medios que largamente exponen los maestros de la vida espiritual sin la oración, pues que de ella ha dicho el Señor que es tan necesaria que no concederá sus gracias a aquellos que no rezan? Pedid y recibiréis he ahí su solemne y divina afirmación. 

Acerca del Autor

Alfonso de Ligorio san

Alfonso de Ligorio san

Obispo y doctor de la Iglesia, que insigne por el celo de las almas, por sus escritos, por su palabra y ejemplo, trabajó infatigablemente predicando y escribiendo libros, en especial sobre teología moral, en la que es considerado maestro, para fomentar la vida cristiana en el pueblo.

Entre grandes dificultades fundó la Congregación del Santísimo Redentor, para evangelizar a la gente iletrada. Elegido obispo de santa Águeda de los Godos, se entregó de modo excepcional a esta misión, que dejaría quince años después, aquejado de graves enfermedades, y pasó el resto de su vida en Nocera de’Pagani, en la Campania, aceptando grandes trabajos y dificultades (1787).

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