La Iglesia Clandestina

Autor: Sacheri Carlos Alberto .Visitas: 4200

La Iglesia Clandestina

Las páginas que forman esta "crónica teológica" vieron la luz durante el año 1969, en forma de artículos de revista. A instancias de numerosos amigos y confiando en que puedan contribuir a disipar la confusión reinante en tantos católicos de buera fe en esta hora dramática que vive la Iglesia, me decido a publicar esos trabajos en forma de libro. El Concilio Vaticano ha replanteado el eterno problema de las relaciones entre la Iglesia y el mundo. La meditación reiterada de los documentos conciliares pone de manifiesto la admirable vinculación que existe entre la verdadera Tradición y la auténtica renovación; la fidelidad a aquélla es la condición indispensable para la eficaz realización de ésta. Sin embargo, hay grupos y movimientos organizados dentro de la Iglesia que no lo entienden así. Tales grupos, decididos a encauzar la actual renovación, no por los caminos del Espíritu Santo sino según el "sentido" que ellos pretenden imprimir a la Iglesia toda, constituyen el obstáculo más serio a una sana "apertura" al mundo contemporáneo.

Acerca del Autor

Sacheri Carlos Alberto

Sacheri Carlos Alberto

Carlos Alberto Sacheri nació en Buenos Aires el 22 de octubre de 1933, destacándose desde joven por su capacidad intelectual y sus virtudes humanas y cristianas. Perteneció en su niñez y adolescencia a la Acción Católica Argentina. En tiempos de estudiante universitario y después durante diez años, siguió al P. Julio Meinvielle, quien fue su principal formador, en la lectura y el estudio de Santo Tomás de Aquino. Se graduó en Filosofía en 1957 y en 1961 ganó la beca del Conseil des Arts du Canadá, en concurso internacional. Estudió bajo la dirección de Charles De Koninck en la Universidad Laval de Quebec (Canadá), donde en 1963 obtuvo su Licenciatura en Filosofía, con mención "Magna Cum Laude" y de Doctor en Filosofía, con mención "Suma Cum Laude" en 1968, con una tesis sobre “La existence et nature de la Deliberation”. Fue profesor titular de Metodología Científica y de Filosofía Social e integrante del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la Pontificia Universidad Católica Argentina; profesor titular de Filosofía y de Historia de las Ideas Filosóficas y Director del Instituto de Filosofía de la Justicia de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires; profesor de Ética y de Filosofía Social del Institute de Philosophie Comparée de París; profesor de Filosofía Social y de Teoría de los Valores en la Universidad Laval, en Quebec (Canadá); de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas (Venezuela) y principal propulsor de la Sociedad Tomista Argentina, de la que era Secretario. Actuó También como Coordinador General del Instituto de Promoción Social Argentina y como presidente de la Obra de la Ciudad Católica. En 1970, fue nombrado Secretario Científico del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), del que era Investigador Principal. En 1974 fue designado Coordinador General del Ingreso Único a la Universidad Nacional de Bs. As. Prolífico conferencista y formador de jóvenes dentro y fuera de Argentina, colaboró regularmente con numerosas publicaciones especializadas como Presencia, Verbo (Argentina), Verbo (España), Universitas, Premisa, Cabildo, Mikael , Ethos, Diálogo, Universidad, Les Cahiers du Droit (Francia), Philosophica (Chile). El Dr. Sacheri publica en 1971 la crónica teológica “La Iglesia Clandestina”, obra de gran profundidad sobre la subversión en la Iglesia Católica y la infiltración marxista en su seno, que alcanzó en pocos años (5) cinco ediciones. En mayo de 1971, el diario “La Nueva Provincia” de Bs. As. inicia la publicación de una serie de notas sobre el tema “La Iglesia y lo social”, magistral síntesis de la Doctrina Social de la Iglesia, cuya recopilación se publicó como “El Orden Natural”, que cuenta también con (5) cinco ediciones y sobre la que el Nuncio Apostólico en Argentina Lino Zanini, escribiera: “La Secretaría de Estado de Su Santidad, habiendo tomado conocimiento de dicha publicación, me informa con Oficio nº 214455 del 19 de los corrientes (julio de 1972), que el Santo Padre ha expresado su viva gratitud por los mencionados artículos. La Secretaría de Estado, por su parte, dado el particular interés del tema, expresa su satisfacción por esta feliz iniciativa”. Señala Héctor Hernández que “Sacheri se caracterizó por ser primero y como profesión y deber de estado, un filósofo. Como tal estudió, meditó y contempló la Verdad, se doctoró, enseñó a nivel de investigación, a nivel universitario y de divulgación. Su especialidad fue la filosofía práctica, esto es, la filosofía de las cosas humanas, del actuar del hombre. Estudió científicamente, como filósofo de profesión, el acto humano. Desarrolló con excelencia las ‘técnicas de acción apostólica’. Sintió a lo vivo que el amor a la Verdad se manifiesta viviéndola, y la encarnó como nadie, viviéndola, enseñándola positivamente y combatiendo el error. Combatió el error no sólo en sus principios, sino en sus aplicaciones… Hombre con capacidad teorética como el que más. Hombre de pensamiento como nadie. Y hombre de acción… ¡Qué discípulo de Santo Tomás: ‘Transmitir a otros lo contemplado’! Hasta la muerte. Literalmente.”[Hernández, Héctor, Apuntes para una biografía de Sacheri, Cuadernos de Espiritualidad y Teología, nº 24, San Luis, 1999, pág. 209 y 181.] Su testimonio cristiano inmaculado, como esposo y padre de familia, amigo, investigador, docente e impulsor de innumerables iniciativas de restauración cívico-social de inspiración cristiana, lo signó como blanco predilecto de las fuerzas anticristianas (…) fue asesinado inicua y cobardemente (…), en presencia de su esposa y de sus siete hijos, el mayor de 14 años y la menor de tan sólo 2 años de edad. Tenía 41 años. En ocasión de prologar El Orden Natural, Monseñor Adolfo Tortolo caracterizó a Sacheri definiéndolo como “un gran pensador y un gran maestro.” Y en efecto, Carlos Alberto Sacheri, a pesar de la corta edad con que contaba al momento de su martirio, abordó con altura y profundidad los diversos tópicos de la filosofía práctica, plasmando un pensamiento claro y riguroso de fuerte raigambre tomista, pero al mismo tiempo, expuso sus ideas de un modo pedagógico y sencillo, permitiendo que incluso personas ajenas a los tecnicismos de escuela las entiendan. Tal su maestría… Con todo, Sacheri no fue un intelectual de gabinete. Además de elaborar una sólida doctrina política, era consciente de la misión social del estudioso, lo que lo llevó a sugerir y en muchos casos encarnar propuestas tendientes a elaborar una estrategia de recuperación de un orden de convivencia respetuoso de los derechos de Dios y los derechos del hombre. En particular, era consciente de la necesidad de contar con un núcleo suficiente de hombres prudentes, que inspirados en los principios naturales y cristianos de la política y munidos de una adecuada versatilidad puedan actuar convenientemente en la praxis. Sacheri, “hombre de pensamiento y de acción, fue el arquetipo de la conjunción armónica y exacta de la teoría con la praxis.”

Comentarios (3)

  • Miguel Ángel Rafael Dapueto de Ferrari

    Miguel Ángel Rafael Dapueto de Ferrari

    30 Agosto 2013 a las 14:30 |
    Fui amigo de Carlos Sacheri, y aún hoy, cuando surge algún tema controvertido, extraño sus discursos que le aclaraban a la gente sin discernimiento, dónde estaba la Verdad.
    • Equipo Alexandriae

      Equipo Alexandriae

      30 Agosto 2013 a las 20:24 |
      En la difusión de sus escritos podemos todavía hoy extender su palabra aclaradora.
    • Cesar Octavio

      Cesar Octavio

      31 Agosto 2013 a las 04:26 |
      Privilegio conocer a personas como el, se poco de el, pero para muestra un botón, lamentablemente en nuestro México, la clase verdaderamente intelectual, fue sustituida por escritores de novela y ficción de filiación izquierdista, mediante una progresiva invasión a las Universidades Publicas. Ahora nos queda solo, acudir a nuestros hermanos sudamericanos, argentinos, uruguayos, a que nos aclaren las ideas tan confusas que aquellos hacen a los verdaderos conocimientos del origen y destino del ser humano

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