Las fuentes de la alegría

Autor: Francisco de Sales san .Visitas: 3592

Las fuentes de la alegría

1. RESEÑA BIOGRAFICA DE SAN FRANCISCO DE SALES (1567-1622)

2. VOLUNTAD DE DIOS Y SANTIDAD

3. LA SENCILLEZ EN EL COMPORTAMIENTO HABITUAL

4. LA SENCILLEZ EN LA ADHESIÓN A LA VOLUNTAD DE DIOS

5. HUMILDAD Y DULZURA CONSIGO MISMO

6. HUMILDAD Y DULZURA CON EL PRÓJIMO

7. LA PAZ INTERIOR (primera parte)

8. LA PAZ INTERIOR (segunda parte)

9. LA IRRADIACIÓN DE LA PAZ

Acerca del Autor

Francisco de Sales san

Francisco de Sales san

Nació en el castillo de Sales en Saboya el 21 de agosto de 1567 fue conquistando la virtud día tras día. En ella condensaba la exquisita enseñanza evangélica que había recibido de su madre, excelente narradora de la fe que desmenuzó ante los ojos inquietos del niño. Heredó su paciencia y constancia, así como la elegancia en el trato. Temiendo su padre que la influencia materna hiciera de él un hombre frágil, designó al riguroso y exigente P. Déage para ser su preceptor. El santo agradeció siempre sus enseñanzas y las acogió humildemente. Al recibir la primera comunión en el colegio de Annecy con 8 años, estableció las consignas que seguiría su vida de entrega a Cristo: orar, visitar al Santísimo, ayudar a los pobres y leer vidas ejemplares. Procuró ser fiel a ellas hasta el fin de sus días.

Sentía ardientes deseos de consagrarse a Cristo, pero su padre lo envió a estudiar a París. Recibió educación en el colegio Clermont de los jesuitas, que combinaba con dos horas diarias de equitación, esgrima y baile, bajo la dirección del P. Déage, en un plan diseñado por él que incluía confesión y comunión semanal. Destacó en retórica, filosofía y teología. La determinación que tomó de consagrarse a la Santísima Virgen le ayudó a superar todas las pruebas que sufrió en esa época, manteniendo incólume su pureza. Sus modelos eran san Francisco de Asís y san Felipe Neri. A los 18 años era manifiesta su inclinación a la ira. Y consciente de ello, ponía todo su empeño en contenerla. Se dice que la sangre se agolpaba en sus mejillas en determinadas situaciones incómodas para él. Qué esfuerzos haría para someter este defecto que quienes le conocían, al ver su trato exquisito, consideraban que estaba libre de esa tendencia y jamás podrían haber imaginado el combate interior que libraba.

En 1588 comenzó a estudiar derecho en Padua, como deseaba su padre, sin descuidar la teología que precisaba dominar para ser sacerdote. Finalmente, logró su deseo, y fue ordenado sacerdote. Lo destinaron a la costa sur del lago de Ginebra para luchar contra el protestantismo, y allí desplegó todas sus artes de modo que se produjeron numerosas conversiones. En 1602 fue designado obispo de Ginebra, sucediendo en el gobierno de la diócesis al prelado Claudio de Granier. Fijada su residencia en Annecy, enseguida destacó por su generosidad, caridad y humildad.

Juana Chantal fue una de las incontables personas a las que dirigiría espiritualmente. Con ella fundó la Congregación de la Visitación en 1610. Tras su muerte, acaecida en Lyon el 28 de diciembre de 1622, monseñor Camus manifestó que al extraerle la vesícula biliar hallaron nada menos que 33 piedras. Eso da idea del ímprobo esfuerzo que habría hecho el santo a lo largo de su vida para trocar en mansedumbre y dulzura un temperamento volcánico poderosamente inclinado al mal genio y a la cólera

Déje un comentario

Estás comentando como invitado.

    • Sin fe es imposible agradar a Dios
      El milagro de la Resurrección
      Más motivos naturales para amar a Dios
      La política silenciosa de Oliveira Salazar
      Defendiendo a la Iglesia Católica
      La paciencia y la Providencia de Dios
      Cristo Rey del Universo
      El respeto humano
    • La Iglesia
      Naturaleza de la acedia
      De pentecostal a católico
      El Lugar de la afectividad en la realización humana
      Fenómenos Extraordinarios
      La enseñanza católica sobre el matrimonio
      Demonio de la acedia, ¿por qué?
      El rey David
    • La realeza de Cristo en el momento actual
      Ante el desconsuelo más humildad
      El arte de aprovechar nuestras faltas según S. Francisco de Sales