Las vidas de los santos

Autor: Butler Alban (historiador) .Visitas: 4801

Tomo III

Las vidas de los santos

Todos fuimos creados por Dios para ser santos. Dios quiere que todos se salven (1Tm 2,4), pero para salvarse es necesario renunciar al pecado y seguir a Cristo con fe.

Los primeros santos venerados fueron los discípulos de Jesús y los mártires (los que murieron por Cristo). Más tarde también se incluyó a los confesores (se les llama así porque con su vida "confesaron" su fe), las vírgenes y otros cristianos que demostraron amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia y vivieron con virtud heroica.

Con el tiempo creció el número de los reconocidos como santos y se dieron abusos y exageraciones, por lo que la Iglesia instituyó un proceso para estudiar cuidadosamente la santidad. Este proceso, que culmina con la "canonización", es guiado por el Espíritu Santo según la promesa de Jesucristo a la Iglesia de guiarla siempre (Cf. Jn 14:26, Mt 16:18). Podemos estar seguros que quien es canonizado es verdaderamente santo.

La Iglesia no puede contar la cantidad de santos en el cielo ya son innumerables y por eso celebra la Fiesta de todos los Santos. Solo se consideran para canonización unos pocos que han vivido la santidad en grado heroico. La canonización es para el bien de nosotros en la tierra y en nada beneficia a los santos que ya gozan de la visión beatífica (ven a Dios cara a cara). Los santos en el cielo son nuestros hermanos mayores que nos ayudan con su ejemplo e intercesión hasta llegar a reunirnos con ellos.

La devoción a los santos es una expresión de la doctrina de la Comunión de los Santos que enseña que la muerte no rompe los lazos que unen a los cristianos en Cristo. Los protestantes rechazaron la devoción a los santos por no comprender la doctrina de la comunión de los santos. El Concilio de Trento (1545-63) reafirmó la doctrina católica.

Los santos interceden por nosotros. En virtud de que están en Cristo y gozan de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión nunca reemplaza la oración directa a Dios, quien puede conceder nuestros ruegos sin la mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así participen de su amor. Dios ha querido constituirnos una gran familia, cada miembro haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten.

Acerca del Autor

Butler Alban (historiador)

Butler Alban (historiador)

Alban Butler fue un historiador nacido el 10 de octubre de 1710 en Inglaterra.

Después de la muerte de su padre en 1712, fue enviado a la famosa "Escuela de la Dama Alicia", en Fernyhalgh, en Lancashire. De allí, siendo joven aún, fue trasladado al Colegio Inglés en Douai, donde aprobó el curso completo, y fue ordenado sacerdote en 1735. Ya había ganado reputación por su extraordinaria diligencia y regularidad, y se le pidió permanecer en la universidad como profesor, primero de filosofía, más tarde de teología. Durante sus años en Douai, se dedicó a lo que se convirtió en la gran obra de su vida: "La vida de los Padres, Mártires y otros Santos Principales". Su dominio de las lenguas antiguas y modernas lo capacitó especialmente para una tarea que implicaba tan amplia lectura, mientras que su laboriosidad incansable y firme perseverancia le permitieron superar todos los obstáculos.

Durante su residencia en París, Butler terminó su obra sobre las "Vidas de los Santos", a la que había dedicado cerca de treinta años. Contiene biografías de más de 1,600 santos organizados en orden cronológico, y es un monumento de trabajo e investigación.

En 1766 la presidencia del Colegio Inglés en San Omar, en Francia, quedó vacante por la elevación de Thomas Talbot al episcopado, y nombraron a Alban Butler para suceder a su antiguo alumno, sin duda de que podía ser colocado donde tuviese mayores facilidades para el estudio. Así, durante los últimos años de su vida tuvo que dedicarse a un trabajo más activo que en cualquier momento anterior.

 Murió en San Omar, Francia, el 15 de mayo de 1763, fue enterrado en la iglesia parroquial de San Dionisio casi frente al Colegio Inglés en San Omer. Desde la Revolución han desaparecido todos los rastros de su tumba.

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