Confesiones

Autor: Agustín de Hipona san .Visitas: 4598

Confesiones

Ofrecemos uno de los mayores monumentos del amor de Dios en las almas que se haya escrito. El título mismo de la obra ya produce un efecto mágico, porque se yergue ante nosotros la figura gigantesca del santo obispo de Hipona, que se forjó en el fondo de la más desgarradora tragedia del corazón humano, en la lucha del Agustín pecador contra sus pasiones y en el triunfo que las lágrimas de una madre, Santa Mónica, alcanzaron de Dios en favor de su hijo.

Cuando el obispo de Milán, San Ambrosio, decía a Santa Mónica, atribulada por la falta de fe y la vida descarriada de su hijo: «Dios no puede permitir que se pierda un hijo de tantas lágrimas», pronunciaba una profecía tan consoladora para una madre como provechosa para la Iglesia católica y para la humanidad entera. Efectivamente, la conversión de Agustín trajo como fruto no solamente el cristiano y el obispo y el santo, sino también el filósofo, el escritor y el artista ganado para la humanidad.

Acerca del Autor

Agustín de Hipona san

Agustín de Hipona san

Obispo de Hipona y doctor de la iglesia (354-430), es uno de los cuatro doctores más reconocidos de la Iglesia Latina. Llamado "Doctor de la Gracia".

Nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, pequeña ciudad de Numidia en el África romana. Su padre, llamado Patricio, era aún pagano cuando nació su hijo. Su madre, Santa Mónica es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana, de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, aún bajo las circunstancias más adversas. Mónica le enseñó a su hijo los principios básicos de la religión cristiana y al ver cómo el joven Agustín se separaba del camino del cristianismo se entregó a la oración constante en medio de un gran sufrimiento.

Agustín llevaba una juventud desviada, pero fue en el año 386 donde doctrinal y moralmente se convirtió, estando en Milán; y el año 387 fue bautizado por el obispo San Ambrosio. Vuelto a su patria, llevó una vida dedicada al ascetismo, y fue elegido obispo de Hipona. Durante treinta y cuatro años, en que ejerció este ministerio, fue un modelo para su grey, a la que dio una sólida formación por medio de sus sermones y de sus numerosos escritos, con los que contribuyó en gran manera a una mayor profundización de la fe cristiana contra los errores doctrinales de su tiempo.

 

El 28 de agosto del año 430, a la edad de 76 años, San Agustín muere, después de haber servido 40 años en la iglesia.

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