Herejes

Autor: Chesterton Gilbert K. .Visitas: 4686

Herejes

Curiosamente, nada expresa mejor el enorme y silencioso mal de la sociedad moderna que el uso extraordinario que hoy día se hace de la palabra «ortodoxo».

Antes, el hereje se enorgullecía de no serlo. Herejes eran los reinos del mundo, la policía y los jueces. Él era ortodoxo.

Él no se enorgullecía por haberse rebelado contra ellos; eran ellos quienes se habían rebelado contra él. Los ejércitos con su cruel seguridad, los reyes con sus fríos rostros, los decorosos procesos del Estado, los razonables procesos de la ley; todos ellos, como corderos, se habían extraviado. El hombre se enorgullecía de ser ortodoxo, de estar en lo cierto. Si se plantaba solo en medio de un erial ululante era algo más que un hombre; era una iglesia. Él era el centro del universo; a su alrededor giraban los astros. Ni todas las torturas sacadas de olvidados infiernos lograban que admitiera que era un hereje. Pero unas pocas frases modernas le han llevado a jactarse de ello. Hoy, entre risas conscientes, afirma: «Supongo que soy muy hereje»; y se vuelve, esperando recibir el aplauso. La palabra «herejía» ya no sólo no significa estar equivocado: prácticamente ha pasado a significar tener la mente despejada y ser valiente.

Acerca del Autor

Chesterton Gilbert K.

Chesterton Gilbert K.

G. K. (iniciales de Gilbert Keith) Chesterton nació el 29 de mayo de 1874 en Londres (Inglaterra), hijo de Marie-Louise Chesterton y de Edward Chesterton, quien trabajaba en la sala de subastas Kensington.

G. K. se instruyó en dibujo y pintura en la Slade School of Art y en la University College. En el año 1895 abandonó sus estudios para dedicarse al periodismo, una actividad que ya había principado en su adolescencia realizando publicaciones amateur.

En este período de su vida, confuso tanto en su futuro profesional como espiritual, Chesterton comenzó a coquetear con el mundo oculto, realizando habituales sesiones con la ouija.

Colaboró en la parte final del siglo XIX con los editores Redway y T. Fisher Unwin, y publicó sus primeros relatos en diversas revistas, entre ellas la suya, “G. K’s Weekly”.

En el año 1901 contrajo matrimonio con Frances Blogg, con quien alcanzó la estabilidad emocional que necesitaba para normalizar su primer desorden existencial.

En sus comienzos como literato solía escribir poesía, debutando con el volumen de poemas “Greybeards At Play” (1900).

Posteriormente aparecerían fenomenales ensayos críticos sobre diversas figuras literarias británicas, entre ellas las de Thomas Carlyle, William Makepeace Thackeray o Charles Dickens, y su primera novela, “El Napoleón De Notting Hill” (1904), libro de incisiva observación política y crítica social abordada con inteligente sentido del humor.

Después publicó títulos importantes como “El Club De Los Negocios Raros” (1905), el libro de intriga policial y alegoría cristiana “El Hombre Que Fue Jueves” (1908), “Manalive” (1912) o “La Taberna Errante” (1914).

Su trascendencia internacional, al margen de sus excelentes libros de ensayo, se basó en la escritura de novelas y relatos que manifestaban su habilidad en el manejo lingüístico, en el empleo de una comicidad perspicaz, y en la imaginación para la creación de tramas de corte detectivesco, perviviendo en muchas de ellas un carácter crítico y un sentido alegórico.

Sus relatos protagonizados por el Padre Brown le otorgaron fama mundial. Este personaje fue creado en base a su amistad con el padre John O’Connor, al que Chesterton conoció a comienzos del siglo XX.

Los ideales vitales de O’Connor causaron una fuerte impresión en el ánimo intelectual de G. K., quien en 1909 había abandonado el bullicio londinense para residir en un lugar más tranquilo como Beaconsfield.

Los títulos de los libros con las peripecias del popular sacerdote detective son “El Candor Del Padre Brown” (1911), “La Sabiduría Del Padre Brown” (1914), “La Incredulidad Del Padre Brown” (1926), “El Secreto Del Padre Brown” (1927) y “El Escándalo Del Padre Brown” (1935).

Chesterton era un lúcido pensador sobre la realidad política y social que le circundaba con defensa de la sencillez de los primigenios valores cristianos, fundando en el año 1911 una publicación con el también escritor británico de origen francés Hilarie Belloc.

Tras la Primera Guerra Mundial se instaló en el distributismo, que demandaba una mejor distribución de la riqueza y la propiedad.

Sus ideas chocaron con otros importantes intelectuales del momento, como H. G. Wells o George Bernard Shaw.

En 1922, el anglicano G. K. Chesterton terminó convirtiéndose al catolicismo, llegando a redactar biografías de San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino.

Murió el 14 de junio de 1936 en Beaconsfield. El mismo año de su fallecimiento, acaecido cuanto tenía 62 años, apareció su “Autobiografía” (1936).

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