La vocación religiosa

Autor: Alfonso de Ligorio san .Visitas: 3931

La vocación religiosa

La vocación es el gran tema de cada joven, porque surge como una pregunta obligada en cada joven que quiere ser feliz.

San Alberto Hurtado decía que de la buena o mala elección de carrera dependerá la felicidad o no de la vida. El Santo se daba cuenta de que había personas que siendo buenos pasaban sus días tristes, mal humorados, y la respuesta la encontraba en la mala elección de carrera. El mismo Padre decía que la propia eternidad de cada uno depende de la muerte, pero la misma muerte depende de la vida y la vida en buena parte depende de la vocación, de haber elegido bien o mal. Por eso es uno de los grandes temas de la vida del hombre, y sobre todo de los jóvenes.

Los seres humanos somos libres para elegir, cosa que no tienen los animales, aunque digamos libre como un pájaro. Dios nos deja libres, cosa maravillosa y a la vez tremenda, porque la eternidad puede depender de lo que yo elija.

El mundo se abre maravilloso, con muchos caminos, sin fin, y la buena elección no depende de mis gustos, sino de lo que me va a llevar a la eternidad. La elección ya la hizo Dios por mí, lo que nosotros debemos hacer es responder a esta pregunta con lo mismo que Dios quiso para mí.

Se debe elegir lo que nos va a hacer felices, por lo que la respuesta no la da el gusto o el deseo, porque eso es muy chico para mí, debo encontrar en Dios la respuesta. Fuimos pensados individualmente para un plan de Dios, un camino que él pensó para mí.

Juan Pablo II llamaba a no pensar que uno está sólo en esta elección, sino que también Dios está con nosotros, a la vez que no hay que pensar que se trata de una elección que sólo nos incluye a nosotros, porque hay otros implicados que pueden gozar o sufrir por mi vocación. Por eso decía el Papa Francisco respondiendo a la pregunta de qué le diría a un joven que siente que Dios lo llama; él decía: “Que se deje mirar por Jesús, porque el que lo llama no es ni el cura, ni el obispo ni el Papa, es Jesús que me está mirando con cariño, me muestra la gente, me muestra la necesidad del pueblo de Dios y me dice si querés ayúdame. Que se deje mirar por Jesús… que todos los días se deje mirar un rato por Jesús” y continuaba respondiendo a la pregunta de qué le diría a un joven o a una joven que sintiendo la llamada no se atreve a dar el paso, tiene miedos: “Eso le pasó a Jesús cuando aquel joven que era tan valioso, tenía todas las virtudes, realmente un hombre bueno, un joven bueno no se animó y a Jesús le vino tristeza; yo le diría, mirá, si vos no lo seguís sos libre, pero mirá la tristeza que provocás en el corazón del Señor y la tristeza que provocás en tantos corazones que no van a poder solucionar sus problemas porque les va a faltar un sacerdote. Que se anime, que no sea tonto, el señor cuando agarra de la mano nunca deja solo”.

Acerca del Autor

Alfonso de Ligorio san

Alfonso de Ligorio san

Obispo y doctor de la Iglesia, que insigne por el celo de las almas, por sus escritos, por su palabra y ejemplo, trabajó infatigablemente predicando y escribiendo libros, en especial sobre teología moral, en la que es considerado maestro, para fomentar la vida cristiana en el pueblo.

Entre grandes dificultades fundó la Congregación del Santísimo Redentor, para evangelizar a la gente iletrada. Elegido obispo de santa Águeda de los Godos, se entregó de modo excepcional a esta misión, que dejaría quince años después, aquejado de graves enfermedades, y pasó el resto de su vida en Nocera de’Pagani, en la Campania, aceptando grandes trabajos y dificultades (1787).

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