Motivos para amar a Dios en el orden natural

Autor: Royo Marín Antonio . Visitas: 3844

Debemos amarlo desde lo humano

Motivos para amar a Dios en el orden natural

La ley divina del Antiguo como del Nuevo Testamento se puede resumir en los dos supremos mandamientos del amor. De ellos ciertamente que es primero en importancia el del amor a Dios.

De este mandato nos hablará el Padre Royo Marín en la presente conferencia, remarcando especialmente los motivos derivados de nuestro mismo ser natural que nos exigen tal amor.

Acerca del Autor

Royo Marín Antonio

Royo Marín Antonio

Antonio Royo Marín O.P. (Morella, Castellón, 1913 - Villava, 17 de abril del 2005) fue un religioso dominico español.

Influyente teólogo y moralista que conservó y compendió en muchas obras la enseñanza y la espiritualidad católicas. Destacó por su sensibilidad e interés por acercar al hombre contemporáneo la tradición espiritual y teológica cristiana, lo que le hizo estar en constante diálogo con las preocupaciones del momento.

Nace en la comarca del Maestrazgo. Era hijo de Antonio e Isabel y fue el tercero de siete hijos: Isabel, Pepe, Antonio, María, Gloria, Natividad y Teresa.

Cuando él tenía 15 años, en 1928, toda la familia se trasladó de Morella a Madrid, instalándose en la avenida de la Reina Cristina 8, desde donde se divisaba el convento dominicano y la Real basílica de la Virgen de Atocha. Apenas llegado a la capital de España formó parte de la “Unión Católica de Atocha” y fue testigo in visu de la quema y destrucción del convento y de la basílica. En 1936 por el simple hecho de ser entonces un joven laico cristiano comprometido, también sufrió sus consecuencias. Escribe:

Yo mismo estuve en dos ocasiones en manos de los milicianos, con gravísimo peligro de ser fusilado, aunque no lo permitió Dios, porque no era digno de la gloria del martirio.

Pidió el ingreso en el noviciado dominicano de la Provincia de España, que por entonces estaba en el convento de San Esteban. Pero una tuberculosis muy aguda lo obligó a regresar casi inmediatamente a la casa paterna. Comenzó a estudiar Filosofía en el seminario de Madrid probablemente en el curso 1934-1953.

En 1939 ingresó en la orden de los dominicos y en 1944 fue ordenado presbítero. Fue profesor emérito de Teología Moral y Dogmática de la Universidad de San Esteban, de Salamanca. Recibió del Papa Juan Pablo II la medalla Pro Ecclesia et Pontifice, en consideración a su dedicación a la Iglesia y al Papado. Los últimos años de su vida los pasó en Madrid, hasta 15 días antes de su muerte cuando fue trasladado a Pamplona para recibir cuidado médico.

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