Robert L. Stevenson

Autor: Chesterton Gilbert K. .Visitas: 3264

Estudio biográfico

Robert L. Stevenson

En este breve estudio sobre Stevenson me propongo seguir un método algo insólito al trazar lo que podría considerarse como un bosquejo algo excéntrico. Ello sólo puede justificarse en la práctica, y tengo un saludable temor de que mi práctica no lo justifique. Sin embargo, no lo he adoptado sino después de muchas reflexiones, y hasta dudas, sobre el mejor modo de tratar un problema real y práctico. Así, antes de que fracase completamente en la práctica, quiero darme el placer de justificarlo en principio.

 La dificultad se ofrece así. En los grandes días de Stevenson, los críticos habían empezado a avergonzarse de ser críticos y de dar a su antigua función el nombre de crítica. Estaba de moda publicar un libro que era un trabajo de juicios críticos y llamarlo «apreciaciones». Pero el mundo adelanta, y si un libro de esta clase se publicase ahora podría muy bien llevar el título general de «Desapreciaciones». Stevenson ha sufrido más que muchos otros de esta nueva moda de minimizar y poner tachas; y algunos enérgicos y reputados escritores se han lanzado a la tarea, casi con la avidez de unos bolsistas cuyo empeño fuese provocar el hundimiento en vez del alza de los valores Stevenson. Se puede discutir si necesitamos acoger con mejor gusto al oso (bear) que al toro (bull) en la elegante cacharrería de las letras inglesas. Otros parecen tomar como agradable entretenimiento el probar que determinado escritor ha sido sobreestimado. Escriben largos y enrevesados artículos, llenos de detalle biográfico y de acerbo comentario, para demostrar que el tema no merece atención; y escriben páginas sobre Stevenson para demostrar que no es digno de que se escriba sobre él. Ni sus motivos ni los métodos que emplean son muy claros o satisfatorios. Si es verdad que todos los cisnes son gansos para el ojo discernidor del ornitólogo científico, ello difícilmente basta para explicar una tan larga y fatigosa caza del ganso salvaje.

 Pero es verdad que, en un sentido más general que el de estos irritables individuos, una tal reacción existe: Y es una reacción contra Stevenson o por lo menos contra los stevensonianos. Acaso fuera más correcto llamarlo una reacción contra el stevensonianismo. Y permítaseme decir, en este momento inicial, que convengo sinceramente en que ha habido demasiado stevensonianismo. En cierto sentido, todo lo concerniente a alguien tan interesante como Stevenson, es interesante...

Chesterton

Acerca del Autor

Chesterton Gilbert K.

Chesterton Gilbert K.

G. K. (iniciales de Gilbert Keith) Chesterton nació el 29 de mayo de 1874 en Londres (Inglaterra), hijo de Marie-Louise Chesterton y de Edward Chesterton, quien trabajaba en la sala de subastas Kensington.

G. K. se instruyó en dibujo y pintura en la Slade School of Art y en la University College. En el año 1895 abandonó sus estudios para dedicarse al periodismo, una actividad que ya había principado en su adolescencia realizando publicaciones amateur.

En este período de su vida, confuso tanto en su futuro profesional como espiritual, Chesterton comenzó a coquetear con el mundo oculto, realizando habituales sesiones con la ouija.

Colaboró en la parte final del siglo XIX con los editores Redway y T. Fisher Unwin, y publicó sus primeros relatos en diversas revistas, entre ellas la suya, “G. K’s Weekly”.

En el año 1901 contrajo matrimonio con Frances Blogg, con quien alcanzó la estabilidad emocional que necesitaba para normalizar su primer desorden existencial.

En sus comienzos como literato solía escribir poesía, debutando con el volumen de poemas “Greybeards At Play” (1900).

Posteriormente aparecerían fenomenales ensayos críticos sobre diversas figuras literarias británicas, entre ellas las de Thomas Carlyle, William Makepeace Thackeray o Charles Dickens, y su primera novela, “El Napoleón De Notting Hill” (1904), libro de incisiva observación política y crítica social abordada con inteligente sentido del humor.

Después publicó títulos importantes como “El Club De Los Negocios Raros” (1905), el libro de intriga policial y alegoría cristiana “El Hombre Que Fue Jueves” (1908), “Manalive” (1912) o “La Taberna Errante” (1914).

Su trascendencia internacional, al margen de sus excelentes libros de ensayo, se basó en la escritura de novelas y relatos que manifestaban su habilidad en el manejo lingüístico, en el empleo de una comicidad perspicaz, y en la imaginación para la creación de tramas de corte detectivesco, perviviendo en muchas de ellas un carácter crítico y un sentido alegórico.

Sus relatos protagonizados por el Padre Brown le otorgaron fama mundial. Este personaje fue creado en base a su amistad con el padre John O’Connor, al que Chesterton conoció a comienzos del siglo XX.

Los ideales vitales de O’Connor causaron una fuerte impresión en el ánimo intelectual de G. K., quien en 1909 había abandonado el bullicio londinense para residir en un lugar más tranquilo como Beaconsfield.

Los títulos de los libros con las peripecias del popular sacerdote detective son “El Candor Del Padre Brown” (1911), “La Sabiduría Del Padre Brown” (1914), “La Incredulidad Del Padre Brown” (1926), “El Secreto Del Padre Brown” (1927) y “El Escándalo Del Padre Brown” (1935).

Chesterton era un lúcido pensador sobre la realidad política y social que le circundaba con defensa de la sencillez de los primigenios valores cristianos, fundando en el año 1911 una publicación con el también escritor británico de origen francés Hilarie Belloc.

Tras la Primera Guerra Mundial se instaló en el distributismo, que demandaba una mejor distribución de la riqueza y la propiedad.

Sus ideas chocaron con otros importantes intelectuales del momento, como H. G. Wells o George Bernard Shaw.

En 1922, el anglicano G. K. Chesterton terminó convirtiéndose al catolicismo, llegando a redactar biografías de San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino.

Murió el 14 de junio de 1936 en Beaconsfield. El mismo año de su fallecimiento, acaecido cuanto tenía 62 años, apareció su “Autobiografía” (1936).

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