Un asunto Capital

Autor: Champagnat San Marcelino .Visitas: 3634

Un asunto Capital

¿Quién morará eternamente en el tabernáculo del Señor?, pregunta el real Profeta.

El hombre sin mancilla, contesta el Espíritu Santo.

El mismo Jesucristo no promete la visión divina sino a los limpios de corazón.

«Así como la luz solar enseña san Agustín sólo puede contemplarse con ojos limpios, así tampoco pueden contemplar a Dios más que las almas puras». Por eso san Juan afirma que nada mancillado entrará en el cielo, y agrega: ¡Fuera impúdicos!

 ¿Qué ha de hacerse, pues, para asegurar la salvación? Hay que ser casto y luchar sin tregua contra el vicio impuro, que es el sello de Satanás. «Ante todo declara Orígenes, quien desee salvarse ha de ser puro». Contar con poder salvarse sin practicar la pureza y pagando tributo al vicio feo, es un error, una ilusión, una locura. «No os llaméis a engaño agrega san Clemente de Alejandría, no hay más cristianos verdaderos que los castos». «Esta virtud en opinión de Tertuliano es el fundamento de la santidad; si se zapa esa base, todo se desmorona y no queda más que un montón de escombros».

Acerca del Autor

Champagnat San Marcelino

Champagnat San Marcelino

Nació en 1789 cerca de Lyon, Francia. Su padre que llegó a ser alcalde del pueblo, por defender y favorecer la religión tuvo que sufrir mucho durante la revolución francesa.

La mamá era sumamente devota de la Virgen Santísima y le infundió una gran devoción mariana a Marcelino, desde muy pequeño, y le consagró su hijo a la Madre de Dios.

Terminada la revolución francesa, el Cardenal Fresh (tío de Napoleón) se propuso conseguir vocaciones para el sacerdocio y fundó varios seminarios. Cerca del pueblo de Marcelino abrieron un seminario mayor y un sacerdote visitador llegó a la casa de los Champagnat a visitar a alguno de los jóvenes a ingresar en el nuevo seminario. A Marcelino le entusiasmó la idea, pero su padre y su tío decían que él no servía para los estudios sino para los oficios manuales. Sin embargo el joven insistió y le permitieron entrar en el seminario.

Poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, él y otros 12 compañeros hicieron el propósito de fundar una Comunidad religiosa que propagara la devoción a la Santísima Virgen y fueron en peregrinación a un santuario mariano a encomendar esta gracia. Marcelino logrará cumplir este buen deseo de sus compañeros.

En 1816 fue ordenado sacerdote y lo nombraron como coadjutor o vicario de un sacerdote anciano en un pueblecito donde los hombres pasaban sus ratos libres en las cantinas tomando licor, y la juventud en bailaderos nada santos, y la ignorancia religiosa era sumamente grande.

Marcelino era todavía muy joven, apenas tenía 27 años, y ya resultó fundando una nueva comunidad. Era de elevada estatura, robusto, de carácter enérgico y amable a la vez. Alto en su aspecto físico y gigante en la virtud. Le había consagrado su sacerdocio a la Virgen María, y en una de sus visitas al Santuario Mariano de la Fourviere, recibió la inspiración de dedicarse a fundar una congregación religiosa dedicada a enseñar catecismo a los niños y a propagar la devoción a Nuestra Señora. Eso sucedió en 1816, y una placa allá en dicho santuario recuerda este importante acontecimiento.

Lo que movió inmediatamente a Marcelino a fundar la Comunidad de Hermanos Maristas fue el que al visitar a un joven enfermo se dio cuenta de que aquel pobre muchacho ignoraba totalmente la religión.

El 2 de enero de 1817 empezó la nueva comunidad de Hermanos Maristas en una casita que era una verdadera Cueva de Belén por su pobreza. Sus jóvenes compañeros se dedicaban a estudiar religión y a cultivar un campo para conseguir su subsistencia. El santo los formaba rígidamente en pobreza, castidad y obediencia, para que luego fueran verdaderamente apóstoles.

Ante todo, las labores de sus religiosos estaban todas dirigidas a hacer conocer y amar más a Dios y a nuestra religión. El método empleado era el de la más exquisita caridad con todos. Quitó los castigos físicos y deprimentes. Le dio mucha importancia al canto como medio de hacer más alegre y más eficaz la catequesis. Fue precursor de la escuela activa, en la cual los alumnos participan positivamente en las clases. Cada religioso debía dedicar una hora por día a prepararse en catequesis, y en pedagogía para saber enseñar lo mejor posible.

La quinta esencia de la pedagogía de San Marcelino era su gran devoción a la Virgen Santísima. Repetía a sus religiosos: "Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús".

Marcelino murió muy joven, apenas de 51 años el 6 de junio de 1840. Al morir dejaba 40 casas de Hermanos Maristas.

 Marcelino Champagnat fue proclamado santo por el Papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999.

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