Relación entre Fe y Psicología

Autor: Verdier Pablo (Psiquiátra) . Categoría: Psicología, Teología, Material, Videos, Temas Visitas: 8531

La exposición comenzó con una interrogante acuciante ¿se puede hablar de relación entre la Fe Católica y la Psicología? Es decir, se puso en tela de juicio el mismo nombre de la ponencia.

En seguida, se reconocieron dos situaciones de hecho:

1° Relación debe existir porque ambas, la Fe y la Psicología, se dan en el ser humano. Es decir, conviven en el ser racional, por lo que la unidad en la diversidad de temas se da en el intelecto de éste.

2° La relación, que presupone la inter-comunicación entre dos ciencias, de la fe con la Psicología no existe. Afirmación fuerte, pero que contundentemente el Doctor Pablo demuestra en el desarrollo su exposición.

Así las cosas, tomando en cuenta estos dos datos, se procedió a leer el N° 76 de la Encíclica “Fides et Ratio”, pero en clave apócrifa, como jovialmente diría el Doctor Pablo, por el sentido equívoco que le dio al término, sustituyendo en donde dice el original del texto “Filosofía Cristiana” por “Psicología Cristiana”.

Acerca del Autor

Verdier Pablo (Psiquiátra)

Verdier Pablo (Psiquiátra)

Doctor Pablo Verdier, médico psiquiatra de la Facultad Ciencias de la Salud, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Paicaví 3000 Concepción, Chile. Telf.: (41) 26-3350 Fax: (41) 48-1926.

Comentarios (1)

  • Directorio Catolico

    Directorio Catolico

    12 Julio 2013 a las 19:24 |
    EL problema es que la psicología, como bien estableció Karl Popper, no es una ciencia.
    Popper se dio cuenta de que una teoría que parece explicarlo todo en realidad no explica nada.
    Un psicoanalista podría explicar por qué un hombre cometería asesinato o, con la misma facilidad, por qué el mismo hombre sacrificaría su propia vida para salvar la de otro.
    Según Popper, una teoría con una capacidad explicativa genuina hace predicciones arriesgadas, que excluyen la mayor parte de posibles resultados. El éxito en la predicción es impactante sólo hasta donde el fracaso sea una verdadera posibilidad.
    Popper quedó impresionado por el contraste entre la metodología de Freud por una parte, y de Albert Einstein por la otra.
    Einstein expuso casi temerariamente su Teoría General de la Relatividad a la falsación prediciendo el resultado de un osado experimento. Si el resultado hubiese sido diferente del predicho, la teoría habría quedado desacreditada.
    En contraste, los freudianos buscaban sólo ejemplos confirmadores, y hacían su teoría tan flexible que todo contaba como confirmación.

    Popper emprendió responder no sólo a la cuestión específica de por qué el método científico de Einstein difería de la pseudociencia de Freud, sino también a la cuestión más general de qué es «ciencia» y en qué difiere de la filosofía o de la religión. El modelo aceptado, descrito por primera vez por Francis Bacon, concebía la ciencia como un ejercicio de inducción. Se creía que los científicos formulaban teorías para explicar datos preexistentes, y que verificaban sus teorías acumulando evidencias adicionales confirmadoras. Pero los filósofos escépticos —especialmente David Hume— habían puesto en tela de juicio que una serie de observaciones objetivas pudiesen realmente establecer la validez de una ley general. Un suceso puede seguir a otro una y otra vez en nuestra experiencia inevitablemente limitada, pero siempre esta la posibilidad de adicionales observaciones que revelarán excepciones que refuten la norma. No se trataba de una mera posibilidad teórica: los científicos se habían quedado aturdidos al ver el edificio aparentemente invulnerable de la física newtoniana cuando técnicas modernas hicieron posible hacer nuevas clases de observaciones.

    La validez de la inducción como base para la ciencia no era sólo filosóficamente insegura, sino que era también inexacta, porque los científicos no trabajan como prescribe el modelo inductivo. En la práctica científica, la teoría normalmente precede al experimento o al proceso de recolección de datos, y no al revés. En palabras de Popper, «la observación es siempre selectiva. Necesita un objeto escogido, una tarea definida, un interés, un punto de vista, un problema». Carentes de teoría, los científicos no sabrían cómo diseñar experimentos, ni dónde buscar los datos importantes.

    La inspirada contribución de Popper fue descartar el modelo inductivo y describir la ciencia como comenzando en una conjetura imaginativa o incluso mitológica acerca del mundo. La conjetura puede ser falsa en todo o en parte, pero da un punto de partida para la investigación cuando se enuncia con una claridad suficiente para poder ser sometida a crítica. El progreso no se consigue investigando el mundo en busca de ejemplos confirmadores, que siempre se pueden encontrar, sino buscando la evidencia falsadora que revela la necesidad de una nueva y mejor explicación.

    Popper expresó el punto esencial en un maravilloso aforismo: «La perspectiva errónea de la ciencia se descubre por su avidez de ser verdadera.» En algunos casos, esta avidez proviene del orgullo del descubridor, que defiende una teoría con todos los artificios a su disposición porque está en juego su reputación profesional. Para los marxistas y freudianos, su avidez provenía de la sensación de seguridad que habían conseguido al poseer una teoría que parecía dar sentido al mundo. Las personas basan sus carreras y sus vidas personales en teorías así, y se sienten personalmente amenazadas cuando la teoría es atacada. El temor lleva a estas personas a aceptar acríticamente cualquier artificio que preserve a la teoría de la falsación.

    Popper propuso el criterio de la falsación como ensayo para distinguir la ciencia de otras actividades intelectuales, entre las que incluyó la pseudociencia y la metafísica. Estos términos han causado alguna confusión, porque en lenguaje ordinario identificamos «ciencia» como el estudio de un tipo determinado de materia, como la física o la biología, en contraste con (digamos) la historia o la literatura. La lógica de Popper implica que la posición científica de una teoría depende menos de su campo de estudio que de la actitud de sus seguidores hacia la crítica. Un físico o un biólogo pueden ser dogmáticos o evasivos, mientras que un historiador o un crítico literario pueden expresar las implicaciones de una tesis de una manera tan llana que se invita la presentación de ejemplos refutadores. La metodología científica existe allá donde las teorías son sujetas a una prueba empírica rigurosa, y está ausente allí donde la práctica es proteger una teoría en lugar de someterla a ensayo. ...

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